Otro año mas, otro mísero
año mas, al menos tenia una amiga en este lugar, bueno una amiga que
desaparecía cuando realmente la necesitabas, pero una especie de amiga al fin y
al cabo.
Mi madre estaba de nuevo
en la cocina preparando el desayuno, mi hermana me despertó desde muy temprano,
ella se levanto en la mañana y encendió su ruidoso secador, no soportaba ese
sonido, esa, esa era la única razón por la que no me secaba el cabello, lo
dejaba al viento, suelto y sin peinar demasiado, para que se secara por si
solo, sus ondulaciones alborotadas y de un color rojizo, casi café, eran lo mas
difícil de tratar y el clima no era de mucha ayuda, el extravagante sol que
ilumina cada uno de los días en aquella ciudad, hacia que mi cabello fuera aun
mas insoportable, el secador de mi hermana estaba por agotar mi paciencia, lo
peor de todo es que parecía que lo hacia simplemente por sacarme de mis
casillas, ya no soportaba estar debajo de las cobijas, tratando de dormir un
poco mas, el calor me mataba así que me quite las cobijas de encima, provocando
que la luz del día llegara a mis ojos, parpadee un par de veces para
acostumbrarme a la luz, cuando por fin lo logre, puede visualizar mi demacrada habitación,
allí en la cama de al lado estaba mi hermana, con su ruidoso aparato, parecía
que nunca iba a terminar con ese ruido, me sonrió, fue una sonrisa de esas que
parecen decir “quiero que te mueras” pero ya estaba acostumbrada, todos los días
al levantarme, estaba ella con su para nada simpática sonrisa, le devolví la
sonrisa forzadamente y me levante de la cama, baje a la cocina, salude a mi mamá
y tome un zumo de naranja del refrigerador, me senté en la pequeña mesa y al
momento, mi madre ya me tenia en la mesa el desayuno, su delicioso desayuno, yo
vivía, por muchas cosas, pero mi madre era una de las mas
importantes, con su negro cabello, totalmente lacio, que le llegaba hasta la
cintura, su hermosa tez pálida y sus penetrantes ojos negros, yo no me parecía
en nada a ella.
Era el desayuno perfecto, pero mi hermana aun
estaba secándose el cabello y el ruido se sentía incluso en el primer piso,
inicie con mi desayuno, tratando de olvidar el estrepitoso sonido. fue cuestión
de minutos para que terminara con la comida, el sonido al fin se había
detenido, mi hermana bajo dando saltitos por las escaleras, llevaba un pantalón
fucsia, una camiseta blanca y unas sandalias plateadas, había visto ese atuendo
millones de veces, era lo que estaba de moda, todas las chicas
se vestían así, se sentó frente a mi en la mesa y en unos segundos mi madre le había
traído el desayuno, me levante de la mesa y lleve los platos a la cocina, subí
a mi habitación y me organice, me vestí con unos chores de jean, una blusa
naranjada en la que se leía “rock and roll” me puse unos tenis con estampado a
cuadros y me pase la mano por el cabello, después cogí una cinta de color
blanco y la amarre en mi cabeza para que quedara como una diadema, ese era uno
de los atuendos mas usados, hace cinco años, por eso para todos yo era “la
chica pasada de moda” pero así era yo y no hay nada que pudieran hacer, me
gustaba
verme distinta a los demás,
no soportaba sentirme uniformada y por lo general me gustaba la ropa cuando
dejaba de usarse, aunque obviamente prefería hacerme mi propia ropa, diseñarla,
esa era mi gran pasión “diseñar” no había para mi nada mejor que ello, para mi
no era sacar la nueva moda, no, para mi era sacar mi propio estilo, un estilo
que representara mi personalidad, mi carácter, mis gustos, todo en mi, volví a
bajar al
primer piso cuando termine de organizarme, allí estaban mi madre,
mi padre y mi hermana.
-hola.
Dije, pero nadie me respondió.
-¿Qué les pasa?
Pregunte, al ver
sus caras de ¿tristeza?
-nos mudaremos, mariana.
Dijo mi padre secamente,
no pude evitar sentirme mal por ellos, sus expresiones eran indescifrables, era
seguro que no les había caído bien la noticia, pero para mi era una buena
noticia, aun así quise saber primero el lugar al que nos mudaríamos.
-¿A dónde?
Pregunte con un tono de
voz normal.
-Alaska.
Respondió fríamente Luciana,
mi hermana. esta vez no pude evitar sonreír, la alegría se extendió por todo mi
rostro, esas palabras tan frías en la boca de mi hermana, eran como un dulce de
chocolate en la mía, “Alaska” “Alaska” “Alaska” repetía en mi mente una y otra
vez, una melodía única, “Alaska” uno de los lugares mas fríos de todo el
continente, el lugar que la mayoría de las personas odiaba y evitaba, “Alaska”
el lugar menos deseado para ir de vacaciones, “Alaska” era mi lugar ideal,
era para mi el mejor lugar al que podríamos irnos, era... mi paraíso.
Alaska… simplemente seria
mi nuevo comienzo.
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ISA-JDPR
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